lunes, noviembre 22, 2004

Pobre Margarita. Pero estoy segura de que nadie la obligó.
ó
No me debe de importar la vida de los demás.


Se llama Gregorio y tiene 24 años de edad, es amigo de un amigo y el viernes pasado me dio un rai de Saltillo a Monterrey. En el camino me platicaba infinidad de cosas sin importancia, conversación para hacer amena la carretera. El es una de esas personas que nunca admitirá que carece de razón y siempre querrá tener la justa palabra. En fin eso es cosa de cada quien.

Cuando llegamos a Monterrey me platicó que esta casado, tiene un hijo de dos meses y está en busca de un trabajo mejor para mantener a su pequeño y a su esposa; ¿y ella no trabaja?- pregunté- "no pues no y ni quiero que trabaje, las mujeres cuando trabajan quieren luego luego tener el control y yo no puedo permitir que eso pase. Yo ya le dije que para que quiere trabajar, porque si ha manifestado la intención, pero ya le dije que yo le doy todo, que tiene todo: teléfono, Internet, cable, casa. Ya le dije que en las cosas del mandado ella puede tener el control pero los negocios son para los hombres; ella que se haga pendeja en la computadora y que cuide a mi hijo".
Me quedé callada.
Viajábamos en un vocho que no tiene asiento delantero, a modo de taxi, ya que lo utiliza como auto de carga para transportar de Monterrey a Saltillo materiales de la industria gráfica; así que no podía ver claramente su cara por el pequeño retrovisor, o podía ver si en sus ojos lo que me acaba de decir era broma o simplemente la realidad.

No estaba indignada, ni molesta, más bien me sorprendí... pero no por la actitud de él sino por la de la desconocida que esperaba en su casa al marido que también me comentó que la infidelidad es algo irremediable en él y que los hombres son unos cabrones y pos ni modo.
Margarita, tiene 19 años, se salió de la normal superior para irse con Gregorio a vivir y él desde un principio le puso las condiciones.
Mujer, representas un retroceso en la lucha de muchas otras que han muerto por razones tan simples como estar recluidas en su casa. Yo te respeto solo espero que seas muy feliz. Margarita, quisiera decirte que vales mucho más, que tal vez serías una excelente maestra de Física y muchos niños te odiarían y otros te adorarían. Que tendrías dinero para comprarte ese vestido que tanto te ha gustado, visitar a tus padres cuando quieras, comprarle a tu hijo lo que te ha pedido para navidad o cualquier capricho pequeño que se le ocurrió... tendrías más que eso, estoy segura que mucho más, pero, si tu Margarita eres feliz yo me tengo que quedar callada. Solo espero que seas feliz haciendo tu no menos valioso trabajo de ama de casa. Que sigas soñando irremediablemente con cualquier color; que cuando pruebes los sabores que cocinas sonrías con dulzura y tus ojos brillen intensamente mientras bailas descalza en tu pequeño hogar; sin importar que quizá estés enamorada de un Patán.

1 comentario:

Unknown dijo...

Debemos matar el miedo a la soledad, que segun yo es y sera la piedra ams grande en nuestro camino, no es facil ser mujer en niguna parte, menos en latinoamerica.