martes, diciembre 12, 2006

La pequeña obsesión de Teresa

Siente ligereza en los recuerdos, y tú vagas en ellos, resbalando suavemente entre cada uno, tus manos, se deslizan entre las cuerdas de su cerebro. Caminas sobre todo su ser, resbalas y te hundes en pozos de agua, luego sales y caminas mientras el sol seca tú cabello.

El suéter, aún gotea, con él vas regando rosas que han crecido a la orilla del camino, cada gota las sonroja y las hace más fuertes y huele más rico, tanto, que todo el aroma se ha esparcido con el viento. Y ella lo ha olido, sentada en los muslos del tiempo.

Quisiera seguirte para la eternidad, esconderse en los recodos de tus pantalones grandes, enredarse en tú cabello o perderse en tu nariz; si fuera más pequeña cabría en la tristeza de tu ojo y saldría con las lágrimas a mirar las aves o el tráfico de la ciudad.
….

Guardó el saco donde te había metido, lo enterró en la tierra para que estuviera fresco y conviviera con musarañas y lo arrullaran las raíces de los cedros y los palos de rosa, algunos caracoles se refugiarían de los sapos que con sus lenguas buscan devorarlos. Pero como cada lunes, fue imposible no cavar, y sacarte desde el fondo de la tierra, donde tú lecho se ha cubierto con musgo, hongos y gente muy pequeñita.

Como cada lunes abrió el saco, pensando que podía recuperarte, aunque sepa que desde hace muchos años has muerto. Tú cuerpo ha desaparecido pero ella te busca y te besa y sonríe. Vuelan arañitas de algodón que caen de los árboles, un pájaro caza desde lo alto un insecto y se lo come y luego canta, el pasto es verde y la acaricia cuando lo toca, todo a su alrededor está vivo, cómo podrían morir o morirse, olvidarse, si todo lo que los rodea sigue vivo.

1 comentario:

*_* elgatoraro!* dijo...

amiga:
nunca estas tan lejos como para no pensar en ti.

portate bien mongola!! :)