Las Montañas son Solapadoras de mis deseos
Todas las tardes, presiono contra mi pecho exitado las plamas de mis manos que inutilmente tratan de controlar a mi precipitado corazón, el cual salta sobre mi piel con incansable deseo de correr hacia las montañas. Estás, con su temple de antiguos guardianes que el tiempo cubrió de musgo y de tierra, se vuelven testigos, solapando mi deseo y aquietando a la vez los torpes músculos cardiacos.
Montañas
guardianes ancianos
de musgo y tierra
Troncos y paja:
por las rendijas entran
Budas e insectos
Octavio Paz
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