Si me miras te ignoro y no era yo la que te hablaba ni la que te soñaba cada noche, era otra, una enanita que vive en la imaginación de una mujer con alas de mariposa. No era yo, era la que se suponía debía ser, pero fue arrancada por otra, como las aves arrancan de la tierra a los gusanos.
Estaba ciega y no se había bañado por que no hay agua en su comunidad. Estaba enferma y sola. Lo que más lamentaba era el recuerdo de los rayos del sol filtrándose por las hendiduras del techo que calentaban su cama luego de una fría noche. Había pasado tanto tiempo dese ese resplandor que ahora sólo era un recuerdo.
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