martes, abril 17, 2007

La historia de Ana María

1.Las montañas y el pasto

No fui requerida para viajar esta tarde a las montañas. Me quedé encerrada en casa aunque afuera el cielo estaba radiante y no hacía calor. Es en realidad una primavera muy extraña, augura un verano fuerte y un invierno que tardará. No fui solicitada para volar el papalote en el día de campo y me compré una botella de Vermut.

2.Extraño a Ana María

Cuando llegamos a vivir a esta casa, abandonada desde que fue construida por la raza humana, vivían en su interior una comuna de insectos y musarañas en perfecta armonía. No queríamos compartir nuestro techo con muchos de ellos por que en las madrugadas asustan, se roban la comida y merodean nuestras pertenencias con demasiada libertad, no eso no , no nos gustaba. Así que los despedimos de casa, los mojamos con la manguera y otros simplemente tampoco querían estar con nosotros ahí y terminaron por irse.

La excepción fue Ana María, quien en la ventana del baño tenía una inmenso castillo de hilos de plata. A mi me dio miedo así que mojé la telaraña pero no se rompió, al contrario, el agua corría a gran velocidad en pequeñas gotas que parecían las cuentas de un collar de cristales. Hasta ahí, pensaba que era una casa abandonada, por que Ana María no estaba por ningún sitio.

Quité la telaraña con un lápiz de madera, y luego limpié perfectamente y después me fui a dormir.

Al día siguiente

La gran casa de hilos de algodón estaba entre los barrotes de la ventana como si fuera una casa del árbol, como si nunca el lápiz de madera la hubiera destruido y en un sueño yo tomé ese lápiz más nunca fue real. La araña no aparecía. Su casa estaba vacía.

Limpié de nuevo la telaraña.
No se por que.

Siguió igual.
Yo, limpiando por las noches
La casa de hilos de seda
Resplandeciendo en las mañanas

Un día pensé que estaba haciendo trabajar a Ana María de más, mucho más de lo que yo con el lápiz de madera. Nunca la había visto pero sabía de su existencia a juzgar por la red que tejía con valentía toda la madrugada y algunos mosquitos atrapados en ella al atardecer.

Dejé de hacerlo y ella desapareció con sus hilos de seda, plata y algodón sin decir ni una sola palabra.

3.

Me tomo
La botella
De Vermut

Lentamente

Salgo al patio
Y afuera de mi casa están saludándome

Las montañas

El pasto del jardín ha crecido mi jardín ha crecido
Está verde

verde

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